Chihuahua, a 25 de septiembre.– El secretario general de Gobierno, Santiago de la Peña Grajeda, expresó dudas sobre la efectividad de los nuevos impuestos que la administración de Claudia Sheinbaum pretende aplicar a los videojuegos, con el fin de recaudar mayores recursos para las arcas federales.
“Habrá que ver cómo funcionan los nuevos impuestos a los videojuegos. Los juegos violentos no son novedad, llevan muchos años en el mercado, quizá podría ser una medida de otro tipo. Vamos a ver cómo funciona el impuesto”, declaró el funcionario estatal.
De la Peña cuestionó que la Secretaría de Hacienda esté proyectando, dijo, “cuentas alegres” en torno a lo que se espera obtener con estas nuevas cargas fiscales, tanto en videojuegos como en plataformas digitales de televisión.
Lo que más preocupa, señaló, no es únicamente el aumento en impuestos, pese a que el Gobierno federal había asegurado lo contrario, sino la falta de equilibrio en el destino del presupuesto. “Para mí lo más importante es qué rubros tienen aumento y cuáles continúan en un desdeslizamiento o incluso una caída en picada de varios años para acá”, indicó.
En este sentido, recordó el caso del Poder Judicial, donde se prometió que las reformas impulsarían eficiencia, cercanía con la ciudadanía y un menor costo al erario. “Resulta que la evidente falta de formación y experiencia jurídica de algunos de estos jueces, ministros y magistrados ha generado que se dispare la contratación de asesores para subsanar las inconsistencias de su trabajo”, afirmó.
De la Peña agregó que, si bien se incrementaron ciertos apoyos sociales, se volvió a dejar en segundo plano áreas estratégicas como la conservación de carreteras, el sector salud y la educación, rezagos que —dijo— se arrastran desde hace al menos cinco o seis años.
Finalmente, subrayó que, aunque el alza de impuestos genera preocupación, la aplicación a los videojuegos parece más un distractor político que una verdadera fuente de recaudación. “Castigar juegos que tienen 10, 15 o hasta 20 años en el mercado parecería más un gesto simbólico que una solución financiera sólida”, concluyó.